Loca

Cuando lo miro se forma un agujero negro en mi estómago que me lleva a las profundidades de la oscuridad. Consume mi cuerpo y mi mente como si fueran una comida deliciosa. Cuando lo miro siento que el mundo ante mis ojos se desvanece y una realidad pasada me envuelve. Es el pasado que tanto temo y al cual tanto huyo. A mi mente regresan recuerdos que durante su duración me parecieron placenteros, incluso adictivos.

 

Estamos en una clase, solos. Nos encontramos en ese lugar con el propósito estúpido de descubrir los límites entre la adolescencia y la vida adulta, sin reconocer que apenas somos niños. Él me besa, apasionadamente. Recuerdo sus labios y cómo me sentía cuando él me besaba y cómo yo miraba hacia arriba para conectar mis labios con los de él. Sus manos están en donde no deben.  Desconecta sus labios de los míos y busca más. Siempre hay algo más. Agarra un marcador y lo tira al suelo.

-Recógelo. – Me ordena. Él nunca pide, ordena y yo, siendo su esclava, obedezco a lo que sea que él quiera con una sonrisa pícara. Así, me agacho, de la forma más vulgar que puedo y él agarra mis caderas y me pega contra su pelvis.

-¿Lo sientes? – Pregunta. Claro que lo siento, pero también siento otras cosas. Gimo en respuesta y él me deja ir.

Deberías estar excitada. Dice una voz en mi cabeza, leve, sensual y exigente. ¿No es esto lo que quieres? De lo que hablas todas las noches con este chico…. Debería. Debo estarlo, pero no lo estoy y yo lo siento. Deseo estarlo con todas mis fuerzas y así hacer sentido de lo que estoy haciendo, darle un propósito o al menos una razón sin admitirme la verdad.

Mete su mano debajo de mi blusa y, luego, debajo de mi brasier. Mi corazón late cada vez más fuerte, cada vez más rápido. No quiero esto. No lo quiero. Quiero que quite sus manos de allí, no lo quiero. ¡Cállate! Disfruta su atención. Solo repite “Yo quiero esto”. Vamos, dilo, y sigue gimiendo. Le está gustando. Aprieta mi busto con fuerza y puedo sentir su respiración en mi cuello.

-Esto es mío. – Declara sin duda alguna en su voz. Incrementa la fuerza de su mano y al ver que me duele, se retira lentamente.

En mi mente resuenan sus palabras y el latido de mi corazón se calma poco a poco. Me ve a los ojos con una mirada de hambre. Yo soy la presa y él, el cazador. De pronto, oímos a los otros y salimos del salón. En mi cabeza hay tranquilidad, pero en mi estómago hay un vacío. Me siento enferma… No, querida. Simplemente te excitaste demasiado, la próxima vez contrólate un poco más. Él quiere una esclava, no un desastre. …. Sí, por supuesto… 

 

 

Lo conocí por medio de mi ex-novio. Empezamos hablando y poco a poco las conversaciones cambiaron de un tono “sexy”, a un tono de obediencia. Él me deseaba, pero no como yo sino como una esclava, y yo… Me sentía sola, vacía y sin propósito. Acepté. No fue oficial hasta que una noche, un chavo de 16 años, tres años mayor que yo, rogó por unas fotos mías provocadoras. Recuerdo aún que me rogó por 12 horas seguidas y yo, estúpidamente… Muy estúpidamente… Se las mandé. Lloré por horas y horas, sintiendo que había traicionado al amigo de mi ex. Él era mi dueño, no ese imbécil de 16 años que solo estaba calenturiento esa noche. Rogué perdón y prometí ser suya exclusivamente… Solo suya.

La escena se repitió todos los días en diferentes maneras. Poco a poco me dejé de convencer y las dos partes de mí dejaron de pelear y empezó el agujero negro que hoy tengo en medio de mi ser. La tristeza y la ansiedad me rodeó como el aire y mis pensamientos cambiaron. El mundo al rededor mío fue olvidado, era irrelevante a mi ser. Lo único que importaba eran dos cosas: mi muerte y que utilizaran mi cuerpo.

 

Dejé a mi primero y, aunque fue hace tres años, todavía siento cómo el mundo me agarra y me zangolotea hasta hacer que las lágrimas de mi llanto diluyan la sangre.

Al principio me sentí culpable de dejar a quien por casi un año había sido mi dueño, pero poco a poco lo fui remplazando. No recuerdo con quienes hice qué. No recuerdo siquiera si existieron más en mi vida. No recuerdo nada. Mi mente es una página en blanco que con dolor y lágrimas ha nublado las heridas que he causado por mis propias acciones, acciones imperdonables. Era una perra. No hay otras palabras para decirlo. Llenaba mi ser con conversaciones explícitas de hombres que solo deseaban mi cuerpo.No había nada más que desear.

El último fue el que más me afectó. Con los 23 años cumplidos, me llevaba una diferencia de ocho años. No era nada atractivo, ni  en lo más remoto, pero era lo que había. Una noche me besó a la fuerza. Para entonces mi cuerpo se rehusaba a ser tocado. La palma de una mano en sí podía hacerme llorar si estuviera muy cerca de los lugares donde solo mi primero había estado. Sus labios forzaban los míos a complacerlos mientras su mano reposaba en el borde de mi blusa, la cual había jalado para exponer mi busto. Lo empujé. No… No. No quiero que me toques. Por favor, deja de besarme. No quiero. 

-¿Qué tienes? – Preguntó.

-No aquí. – Respondí.

Debí ser honesta, debí decirle todo de una vez y alejarme. Simplemente agarró mi mano y me llevó a otro lugar más desolado. Me besó otra vez, con más intensidad que la vez anterior. Sus manos estaban en mis caderas. Te odio… Déjame. Por favor. No.  Con toda mi fuerza empecé a empujarlo, pero él no se detenía. Mis ojos estaban abiertos y yo estaba asustada. Finalmente me dejó ir.

-¿Acaso no me deseas?

-Sí, pero vámonos. Ya van a venir por mí.

No recuerdo qué pasó luego. Lloré por mucho tiempo. Veía tristeza, respiraba tristeza y todo lo que salía de mi boca eran halagos para él, de qué tan bien me había sentido y cómo debió haber hecho más. Sabía que era una mentira, pero quería creerla yo. Quería no sentirme traspasada, violada de todos los límites que me había puesto.

 

¡Cuán repudiable es el día en el que la oscuridad inyectó mi corazón con ese veneno! Esa mentira… Creer que ser amada es ser maltratada y ser deseada es ser obligada. Es una mentira que creo, que duele y me vuelve loca.

No creas que no es cierto, lo es. Estoy loca. Mis acciones errores dejaron cicatrices que he cubierto con maquillaje, ojos llorosos que he difuminado con polvos. Cada sonrisa falsa, cada hahaha escrito para ocultar mi dolor, cada palabra de reproche y, sobre todo, cada mentira. Todos, se han marcado en mi corazón y me vuelven loca. Oigo cosas que nadie más oye, veo cosas que no están allí, siento cómo una doble personalidad sale de mi ser y la he visto. Estoy completamente y absolutamente loca. No hay remedio. Lo siento en mi cabeza, lo veo con mis ojos y lo oigo de otros. “Rara”… Sí. Era rara, ahora estoy completamente demente.

Seguramente así será mi fin: sola, loca y me seguiré mintiendo. “Todo está bien.” Nadie me escucha, tampoco les interesaría. Nadie quiere oír las locuras de una chava de 16 años cuyo corazón ha sido roto en mil pedazos y que no tiene a nadie más que culpar más que a ella misma.

 

El agujero me consumió hoy. Lo hará mañana. Y yo… estoy loca.

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What else is one to do?

I suppose it happens, from time to time. That you realize the world is round and that six point ninety nine out of the seven billion people that inhabit it don’t think. They speak, though. They blabber on and on about banal topics that will never matter and have never mattered outside their own little numb heads. And those who realize this tend to listen, not because they want to – they have to. What else is one to do if not listen to their nonsense, that is, if one wishes to be perceived as normal to the general population? That is the question. Those who answer are the weirdos. They’ve got something wrong, a little off, their head is just not screwed on right. They are the genius to other generations. It happens over and over. And it happens, too, that the people who never answered the question become the victims of what they once thought to be nonsense. They become nonsensical people who might think “nonsensical” is not a word. (It is. By the way. I looked it up.) They are whatever people. Undecided. Unimportant. They achieve nothing, unless they do. Then it is for something meaningless. I know of a few celebrities like so. Well, nevermind if they are successful or not to society, they are never successful to themselves, regardless of what they might think. They have not opened their minds and renounced the imprisonment of their lack of care and banal-loving narcissism. Let them do as they wish in their narrow-minded boring heads. They will not triumph as the other people will. Let them wither in their ignorance of the unknown which they claim to have discovered. Let them rot in their own pool of lies – to themselves and to others – and sink to the bottom where they will never be found again, not even by the people who answered the question. Not even they should think about the forgotten mindless people except to despise them. Or should they? There are no limits to those who answered the question. So, what else is one to do?

Perfecto

Agarro su espada gloriosa. Brillaba con una gloria indescriptible gracias a la luz que emitía su portador. Respiré profundo mientras la miraba. Estaba nerviosa y feliz al mismo tiempo.
Era hora. Lo sabía. El pecado que había sido mi cama de plumas con sábanas de seda finalmente había revelado su verdadera forma a mis ojos. Ya no era una cama hermosa sino una jaula temible y tenía que escapar. Él era mi camino, mi llave. 
Tenía miedo. – ¿Quién no? – Pensé. Enfrentaría conflicto. Después de todo, era el camino menos recorrido. Me recordé de sus palabras y el miedo se fue. Era perfecto amor. 
Levantó su espada y cerré mis ojos. Oí metal contra metal. Mis pies eran libres. Mis manos eran libres. Yo era libre. Abrí mis ojos lentamente para ver su rostro, pero su luz me lo evitaba. Así que cerré mis ojos de nuevo y sentí como su amor me envolvía. 
– Princesa. – susurró suavemente a mi oído. Mi corona se creó. – Te amo. – lloré. Lloré como nunca he llorado, entre sus brazos, en medio de su amor. Intenté decirlo, pero entre los llantos era difícil. Él lo sabía. Yo lo sentí. 
Un camino. Una luz. Y un Dios guiando mi cada paso. Suena bien – Pensé. 
Sonreí. 
Y nunca me volví a soltar de su mano. Aunque me tropecé y pensé en deambular, no pude soltarme. Caminamos juntos. Lento… Perfecto.

Perfecto

Agarro su espada gloriosa. Brillaba con una gloria indescriptible gracias a la luz que emitía su portador. Respiré profundo mientras la miraba. Estaba nerviosa y feliz al mismo tiempo.
Era hora. Lo sabía. El pecado que había sido mi cama de plumas con sábanas de seda finalmente había revelado su verdadera forma a mis ojos. Ya no era una cama hermosa sino una jaula temible y tenía que escapar. Él era mi camino, mi llave. 
Tenía miedo. – ¿Quién no? – Pensé. Enfrentaría conflicto. Después de todo, era el camino menos recorrido. Me recordé de sus palabras y el miedo se fue. Era perfecto amor. 
Levantó su espada y cerré mis ojos. Oí metal contra metal. Mis pies eran libres. Mis manos eran libres. Yo era libre. Abrí mis ojos lentamente para ver su rostro, pero su luz me lo evitaba. Así que cerré mis ojos de nuevo y sentí como su amor me envolvía. 
– Princesa. – susurró suavemente a mi oído. Mi corona se creó. – Te amo. – lloré. Lloré como nunca he llorado, entre sus brazos, en medio de su amor. Intenté decirlo, pero entre los llantos era difícil. Él lo sabía. Yo lo sentí. 
Un camino. Una luz. Y un Dios guiando mi cada paso. Suena bien – Pensé. 
Sonreí. 
Y nunca me volví a soltar de su mano. Aunque me tropecé y pensé en deambular, no pude soltarme. Caminamos juntos. Lento… Perfecto.